El tercer sector, agente de transformación social en tiempos de crisis
El edificio de La Farga, en Hospitalet de Llobregat, cuenta con un aforo completo en este Segundo Congreso del Tercer Sector Social de Cataluña. La puesta en escena es impecable y con toda la accesibilidad posible: pantallas gigantes, subtitulado, lengua de signos…
Destacamos el discurso claramente autocrítico que le otorga una transparencia absoluta al mensaje de la conferencia inaugural. Tanto Jordi Sánchez como Fernando Fantova -espléndido y claro en su intervención- cuestionan el papel del Tercer Sector, de las entidades y de las personas que forman parte de ellas, tanto como trabajadores como beneficiarios de su gestión, y además hablan de la responsabilidad de la sociedad civil y su individualismo en la crisis que estamos viviendo. Ambos reflexionan sobre estas cuestiones para posteriormente lanzar sus temores y sus ideas de transformación de lo público. Finalizada su intervención, Nuria Valls, del Observatorio del Tercer Sector y como moderadora de la conferencia, da paso al turno de preguntas que por escrito han realizado los participantes en este Congrés.
Resumimos a continuación las ideas clave de esta conferencia inaugural.
Director de la Fundación Jaume Bofill, Jordi Sánchez: La crisis es causa de una sobrevaloración de la lógica de lo invidual frente a lo común. La situación actual es la victoria de una ideología por encima de otra. La transformación del neoliberalismo va a tener como consecuencia una desvalorización de todo lo público y mercantilización de todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. La realidad está desbocada, se refuerza la idea del individuo frente a la comunidad y de unos gobiernos sin recursos para reconducir el mercado.
Algunos estudios permiten detectar que dentro de las redes sociales se ha tendido hacia la privatización, una realidad no solidaria y enfocada hacia lo particular.
Reflexión clave: la misión del dilema público-privado es una mirada caduca. El Estado no puede ser la única expresión del interés público, el tercer sector es una clara visibilización de que es posible una mirada públicia, que nace y se desarrolla en un momento de hegemonía del mercado, y que son las organizaciones vinculadas a sector público.
Habla de las debilidades y contradicciones del tercer sector y de las conductas poco rigurosas. Riesgos que se ocultan tras la pérdida del servicio público y la cotidianidad que lucha por la supervivencia de les organizaciones.
El Congrés es un momento de encuentro pero también de reflexión, debemos ser autoexigentes.
La práctica es imprescindible, todos tenemos intereses particulares, pero el debate es sobre cómo acomodamos los intereses particulares a la lógica de lo colectivo. Los intereses particulares nunca serán una palanca de cambio social.
Comenta el riesgo de que nuestro capital social entienda que nuestro reto es la profesionalización en exclusiva, un discurso que considera que está más cerca de la lógica del mercado. Hay que redifinir lo que es público con la colaboracion del tercer sector, los agentes sociales, la administración pública y el mercado.
Lo público es lo que piensa en la voluntad del interés general.
Algunos artículos de prensa pedían respuestas nuevas para solucionar la crisis. No lo niega, pero no es necesariamente lo nuevo lo mejor, hay que trabajar sobre lo que ya conocemos.
Fernando Fantova, consultor social:
Como agente de la intervención social, tiene claro el mensaje que quiere trasladar en este Congrés. A partir de su contacto directo con el Tercer Sector, enlaza con la lectura de la crisis de Jordi Sánchez. La entiende en un contexto más amplio y tiene que ver con una globalización económica que ha incrementado las capacidades productivas, pero que a la vez el descontrol ha desbordardo la esfera del mercado y nuestra relación con el servicio público.
Habla de la “bendita individualización” en cuanto nos hacemos más libres para construir nuestra biografía pero que no es buena en cuanto rompe vínculos comunitarios. Nuestra democracia se nos revela como una herramienta insuficiente. La individualización es una llamada para que agentes críticos echen una mano para reordenar la situación actual.
El Tercer Sector debe ser un agente de primera magnitud para repensar nuestro contrato social.
No le encaja la idea de que nosotros no tenemos ninguna culpa en esta crisis. “Nos dicen que las clases medias de los países occidentales no tenemos responsabilidad, pero igual sí tenemos algo que ver en esta crisis. Me mosquea que se empeñen en decirnos que no tenemos ninguna responsabilidad”.
Con esto quiere decir que el individuo tiene una responsabilidad social. El Tercer Sector es una herramienta útil. Pero la crisis dice que le pilla con un poco de miedo en el cuerpo, “porque percibo un tercer sector encajado en la gestión de servicios de responsabilidad pública demasiado estandarizados”.
Cuando esto pasa, llega un punto en que estamos demasiado atados a esa gestión, estamos demasiado divididos entre las más organizadas y las más de base, estamos perdiendo contacto entre las entidades y los usuarios, a los que tratamos como clientes.
Nuestra capacidad de crecer y organizarnos nos coloca ante un tridente: la crisis puede hacer que la demanda se incremente y nos veamos más alejados de nuestras capacidades, puede hacer que la administración pública puede apretarnos las tuercas, y puede desencadenar competividad excesiva entre las entidades.
Es un temor que comparte ante “la voz de un sector-lobby que se diferencia de una empresa de lucro en que en vez de una asamblea hay un consejo de administración”.
Ve división entre las entidades más grandes y las más pequeñas.
Frente al “otro sector social es posible”, dice que “este sector social es posible”.
Es consciente en nuestra responsabilidad en la gestión pública, pero ve al tercer sector un poco decantado hacia la gestión y la burocratización.
Para terminar, lanza cinco ideas: “No somos ángeles: ¿hay alguna vía estratégica?”
1. No me creo que una entidad sea como una empresa pero con un control más: el de la Junta Directiva. Si una entidad no hace nada diferente a una empresa o Administración, creo que tenemos un problema, aunque gestione servicios de una cartera. Si además no ofrecemos otros valores añadidos evaluables, en algo fallamos. No podemos quedarnos con un control diferente de los mismos servicios.
2. Todas no podemos hacer todo. El truco es respetarse mutuamente y encontrarle el valor a la relación con otras entidades.
3. Estamos demasiado encajados en colectivos, debemos promover una universalización de los servicios.
4. Las organizaciones deben ser maqueta de la sociedad que debemos construir. Conciliar la vida laboral y personal, ser más flexibles es una seña de identidad, modelos más participativos.
5. Alude al gran lema del Congrés, “Un sector al servicio de las personas”: Debemos ser un cauce amoroso, accesible, afectivo, hacia las personas que debemos ayudar.
Reflexiones del turno de preguntas:
Fernando: El “militante” no debe desembarazarse de sus propias obligaciones. Ha escuchado alguna vez decir a los militantes: “me quedo tomando cañas porque si llego a casa tengo que bañar a mi hijo”. Hay que entender que la participación es algo más vinculado a la cotidianidad, empezando por nosotros mismos.
Jordi: Los tiempos de crisis dificultan el trabajo de lo comunitario, porque nos replega a lo individual para preservarnos de las incertidumbres. Las crisis no son una oportunidad, nos obligan a modificar algunas cosas a riesgo de desaparecer.
La dependencia económica de las entidades es un tema clave.
¿Dónde está la fuerza de la sociedad civil? Hay una gran fragmentación.
La crisis hará que la Admon busque cubrir los servicios sociales con el mínimo de recursos posibles, y esto es una perversidad.
Fernando: Hemos sido víctimas de demasiadas contradicciones. La atención individual es compatible con el enfoque comunitario. Le parece paradójico que los servicios sociales nos atribuyamos la transversalidad, “es compatible”.
Nuria concluye agradeciendo las intervenciones “brillantes y con muchas ideas” de Fernando y Jordi. Ahora, al café.




Juan Pe 7:31 pm el 26 Marzo, 2009 Permalink
Este artículo me hace reflexionar sobre la dualidad que se plantea entre las entidades que prestan servicios y las que son más reivindicativas. “No todos podemos hacer de todo” y ante todo (valga la redundancia) debemos evitar sentirnos mejores o peores por estar especializados en uno de estos servicios. El que es más reivindicativo piensa que el que presta servicios es un vendido, y el que presta servicios cree que el reivindicativo es un melenudo rebelde.
Esto lo encajo con una propuesta que nos hicieron desde la Fundación Luis Vives para articular unos debates sobre las funciones que prestan las distintas organizaciones, y como deben complementarse.